Juan de Padilla (Toledo, 1490 - Villalar, 24 de abril de 1521), nació en el seno de una familia hidalga toledana. Muy joven (10 de noviembre de 1510), se acuerdan sus esponsales con María Pacheco, de la noble familia de los Mendoza (de rango superior al suyo; más tarde fueron nombrados grandes de España). En la fecha de su boda en Granada, el 18 de agosto de 1511, él tenía veinte años y María quince.

 

Al morir su padre (1518), le sucede en el cargo de capitán de la milicia de Toledo, a donde se traslada el matrimonio. Probablemente enojado porque el rey no le concedió un cargo al que creía tener derecho hereditario, y tal vez instigado por su mujer, se unió a los descontentos y se opuso a la concesión del servicio que el rey pedía a las cortes para financiar su elección a la corona imperial.

 

Desde abril de 1520, Padilla formaba parte activa en el levantamiento de las comunidades en Toledo. A continuación, acude con las milicias toledanas en auxilio de Segovia para, junto a las milicias mandadas por Juan Bravo, regidor de Segovia, los hermanos Maldonado, de salamanca, los Guzmán de León y el obispo Antonio de Acuña de Zamora, combatir las fuerzas realistas mandadas por Rodrigo Ronquillo. El 29 de julio de 1520 se constituye en Ávila la Junta de comuneros, siendo nombrado Padilla capitán general de las tropas comuneras. Como tal, participó en las entrevistas con la reina Juana, recluida en Tordesillas.

 

Las rivalidades entre los comuneros provocaron la sustitución de Padilla por Pedro de Girón, ante lo cual, aquél regresa a Toledo. Cuando Girón deserta en diciembre al bando realista, Padilla regresa a Valladolid con un nuevo ejército toledano (31 de diciembre de 1520). Sus tropas toman Ampudia y Torrelobatón.

 

Los realistas reunieron dos ejércitos, el de Burgos y el de Tordesillas, y se lanzaron contra Torrelobatón. Padilla abandonó el castillo para refugiarse en Toro, pero no le dio tiempo a llegar: el 23 de abril el ejército real le alcanzó junto a Villalar.

 

Juan de Padilla fue hecho prisionero y conducido a Villalar, donde fue decapitado al día siguiente (24 de abril de 1521). Con él fueron ajusticiados Juan Bravo, y Francisco Maldonado.

 

A diferencia de los restos de Bravo y de Maldonado, que fueron trasladados a Segovia y Salamanca, respectivamente, donde fueron sepultados, los de Padilla fueron trasladados "provisionalmente" al monasterio de la Mejorada (Olmedo) y nunca volvieron a Toledo, probablemente como venganza del rey ante la persistencia de la rebelión en Toledo, de la mano de María Pacheco.

 

 

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